En esta entrada quiero hablar del último artículo que he publicado junto con mis colegas. La historia empieza a las puertas de İzmir.

Cada verano, entre 2023 y 2025, de junio a octubre, colocamos nasas en el arroyo Azmak, en Seferihisar, dentro de un proyecto de investigación universitario (BAP) que dirigí. Al final del proyecto, habíamos capturado en esas nasas 197 cangrejos azules. Medimos la anchura del caparazón de cada uno con un calibre y lo pesamos en una balanza de precisión. El más pequeño medía 81 mm de ancho y pesaba unos 40 gramos; el más grande llegaba a 195 mm y 358 gramos.

La pregunta que queríamos responder con estas medidas parecía sencilla: si conocemos la anchura del caparazón de un cangrejo azul, ¿con qué precisión podemos predecir su peso?

¿Por qué es importante?

En el Mediterráneo, el cangrejo azul tiene dos caras. Por un lado, es una especie exótica invasora que altera los ecosistemas y causa pérdidas económicas, sobre todo a los pescadores. Por otro, es un recurso pesquero que se desembarca y procesa desde hace décadas en la costa mediterránea oriental de Türkiye y que, en todo el Mediterráneo, se orienta cada vez más a la exportación. Tanto quien intenta reducir la población como quien quiere explotarla de forma sostenible necesita el mismo dato: ¿cuánto cangrejo hay en el mar o en las capturas?

Pesar miles de cangrejos uno a uno en el campo no es práctico. Medir la anchura es mucho más fácil. Para convertir la anchura en peso, la ciencia pesquera utiliza desde hace tiempo una fórmula: W = a·CW^b. En lo que más me voy a detener en esta entrada es en el exponente b.

Si un cangrejo creciera al mismo ritmo en todas las direcciones, b sería exactamente 3; a esto se le llama crecimiento isométrico. Un valor de b inferior a 3 significa que el animal gana peso más despacio de lo esperado a medida que se ensancha.

Machos y hembras no siguen la misma curva

En ambos sexos b resultó inferior a 3, es decir, los dos ganan peso "más despacio" en relación con su anchura. Pero la diferencia entre ellos no es pequeña:

  • En los machos, b es aproximadamente 2,70
  • En las hembras, b es aproximadamente 2,18

Desde el punto de vista de la gestión pesquera, creo que este es el mensaje principal del estudio: machos y hembras siguen trayectorias de crecimiento claramente distintas. Un modelo que agrupa a ambos sexos en una sola ecuación puede borrar esa diferencia con facilidad. Si queremos estimaciones de biomasa fiables y estrategias de gestión eficaces para las poblaciones invasoras, tenemos que tener en cuenta estas diferencias entre sexos.

Cuando agrupamos todos los cangrejos y aplicamos el cálculo clásico, obtuvimos b = 2,22. En nuestra muestra, dominada por hembras, ese único número ocultaba casi por completo la curva de crecimiento tan diferente de los machos.

¿Por qué el peso de las hembras se desacopla de su anchura?

Cuando las hembras alcanzan la madurez, mudan por última vez. Tras esta muda "terminal", la anchura del caparazón queda prácticamente fija. El peso, en cambio, sigue variando según el desarrollo de los ovarios y el estado nutricional. La energía pasa del crecimiento a la reproducción.

En nuestra muestra, el 73,5 % de las hembras medía entre 130 y 160 mm; la gran mayoría eran adultas que ya habían completado esta última muda. Hembras de la misma anchura presentaban pesos bastante distintos según la fase de desarrollo de sus ovarios. Esta dispersión no se debe a masas de huevos externas: liberamos vivas a las hembras ovígeras sin medirlas.

Los machos, en cambio, siguen mudando y creciendo después de la madurez. Invierten su energía en músculo y en pinzas grandes, por lo que su peso sigue más de cerca a su anchura.

Esto no es exclusivo de las poblaciones invasoras del Mediterráneo. En la bahía de Chesapeake, en el área de distribución nativa de la especie, estudios de 1949 ya describían exponentes igual de bajos en las hembras. Eso me hace pensar que la diferencia que observamos no es un subproducto de la invasión, sino parte de la propia biología del cangrejo azul.

Los cangrejos "atípicos" no son errores, son biología

La forma habitual de ajustar la relación anchura–peso supone que las desviaciones de los datos siguen una distribución normal, la conocida curva de campana. Sin embargo, la muda, la alimentación irregular y la época reproductiva añaden a los datos de cangrejos más valores extremos de los que una curva de campana puede asumir.

Por eso construimos cuatro modelos bayesianos y los pusimos a competir. Unos usaban la distribución normal y otros la distribución t de Student, más tolerante con los valores extremos; unos tenían en cuenta el sexo y otros no. Medimos mediante validación cruzada lo bien que cada modelo predecía datos que no había visto. Ganó el modelo t de Student que trata a los sexos por separado. En lugar de eliminar como ruido a los cangrejos con pesos extremos, los consideró como una variación real ligada a la reproducción.

¿Qué cambia en la práctica?

Esta diferencia tiene consecuencias concretas para la gestión.

Cuando se usa una única ecuación común, la estimación de biomasa se desvía de forma sistemática: se sobrestima el peso de las hembras grandes y se subestima el de los machos grandes. Cualquier programa de pesca o de retirada basado en cuotas, tallas o biomasa hereda este error.

Como el peso de las hembras deja de aumentar con la anchura tras la muda terminal, las normas de talla mínima de desembarque y de luz de malla que no lo tienen en cuenta pueden capturar menos hembras reproductoras de las debidas. Y, si el objetivo es frenar el crecimiento de la población, precisamente son ellas el grupo al que habría que dirigirse. Por eso recomendamos utilizar parámetros de conversión específicos para cada sexo, tanto en los programas de gestión como en la pesca comercial.

Lo que aún no sabemos

Nuestra muestra incluía solo 31 machos frente a 166 hembras. El enfoque bayesiano no oculta este desequilibrio: lo muestra abiertamente al ampliar los intervalos de incertidumbre de las estimaciones de los machos. Aun así, los valores que damos para los machos deben considerarse provisionales hasta que se confirmen con muestras más grandes. Además, nuestras medidas proceden de un único estuario y solo de los meses cálidos. El siguiente paso es ampliar el muestreo a todas las estaciones y a una proporción de sexos más equilibrada.


El artículo completo es de acceso abierto: Ceyhan T, Balkı C, Akyol O, Ulaş A, López-Mengual I (2026). Robust Bayesian inference of carapace width–weight scaling in the invasive blue crab (Callinectes sapidus). Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom, 106, e64. doi.org/10.1017/S0025315426101581